3 de diciembre de 2010
2 de diciembre de 2010
TIEMPO DE ADVIENTO VIERNES DE LA SEMANA I Del común de los pastores, para un santo presbítero - Salterio I 3 de diciembre
COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE
Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.
Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.
Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.
SALMODIA
Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
Salmo 87 - ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE ENFERMO
Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.
Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.
Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.
Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de pesar.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla
o tu justicia en el país del olvido?
Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?
Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de tus terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han consumido:
me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las tinieblas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
LECTURA BREVE Jr 14, 9
Tú estás en medio de nosotros, Señor, tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor Dios nuestro.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, lo imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
BENDICIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos , gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
(Oración antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Himno: CUANDO LA LUZ DEL SOL ES YA PONIENTE
Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.
Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.
Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.
SALMODIA
Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
Salmo 87 - ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE ENFERMO
Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.
Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.
Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.
Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de pesar.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla
o tu justicia en el país del olvido?
Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?
Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de tus terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han consumido:
me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las tinieblas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
LECTURA BREVE Jr 14, 9
Tú estás en medio de nosotros, Señor, tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor Dios nuestro.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, lo imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
BENDICIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos , gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
TIEMPO DE ADVIENTO VIERNES DE LA SEMANA I Del común de los pastores, para un santo presbítero - Salterio I 3 de diciembre
VÍSPERAS
Oración de la tarde
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: CANTEMOS AL SEÑOR CON ALEGRÍA.
Cantemos al Señor con alegría,
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.
Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.
Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.
Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Salmo 40 - ORACIÓN DE UN ENFERMO.
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»
Mis enemigos me desean lo peor;
«A ver si se muere y se acaba su apellido.»
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Ant. 2. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Salmo 45 - DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Ant. 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
LECTURA BREVE 1Pe 5, 1-4
A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a descubrirse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios a vuestro cargo, gobernándolo, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere, no por sórdida ganancia, sino con generosidad, no como dominadores sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
RESPONSORIO BREVE
V. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
R. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V. El que entregó su vida por sus hermanos.
R. El que ora mucho por su pueblo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Éste es el administrador fiel y prudente, a quien su señor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Éste es el administrador fiel y prudente, a quien su señor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:
Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, que quisiste que numerosos pueblos llegaran a conocerte por medio de la predicación de san Francisco Javier, concede a todos los bautizados un gran celo por la propagación de la fe, para que así tu Iglesia pueda alegrarse de ver aumentados sus hijos en todo el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Oración de la tarde
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: CANTEMOS AL SEÑOR CON ALEGRÍA.
Cantemos al Señor con alegría,
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.
Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.
Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.
Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Salmo 40 - ORACIÓN DE UN ENFERMO.
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»
Mis enemigos me desean lo peor;
«A ver si se muere y se acaba su apellido.»
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Ant. 2. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Salmo 45 - DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Ant. 3. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
LECTURA BREVE 1Pe 5, 1-4
A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a descubrirse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios a vuestro cargo, gobernándolo, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere, no por sórdida ganancia, sino con generosidad, no como dominadores sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
RESPONSORIO BREVE
V. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
R. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V. El que entregó su vida por sus hermanos.
R. El que ora mucho por su pueblo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Éste es el administrador fiel y prudente, a quien su señor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Éste es el administrador fiel y prudente, a quien su señor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:
Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, que quisiste que numerosos pueblos llegaran a conocerte por medio de la predicación de san Francisco Javier, concede a todos los bautizados un gran celo por la propagación de la fe, para que así tu Iglesia pueda alegrarse de ver aumentados sus hijos en todo el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
TIEMPO DE ADVIENTO VIERNES DE LA SEMANA I Del común de los pastores, para un santo presbítero - Salterio I 3 de diciembre
SAN FRANCISCO JAVIER, presbítero. (MEMORIA)
Nació en España, el año 1506; mientras estudiaba en París, se unió a san Ignacio. Fue ordenado sacerdote en Venecia, el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó hacia Oriente y durante diez años evangelizó incansablemente la India y el Japón, convirtiendo a muchos. Murió el año 1552, en la isla de Shangchuan, en China.
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Himno: CRISTO, CABEZA, REY DE LOS PASTORES.
Cristo, cabeza, rey de los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos sagrados.
Con abundancia de sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
lo armó guerrero y lo nombró en la Iglesia
jefe del pueblo.
El fue pastor y forma del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de todos.
Tú que coronas sus merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida,
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su gloria. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Salmo 50 - CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Ant. 2. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Cántico: QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR. Is 45, 15-25
Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el Señor salva a Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen
nunca jamás.
Así dice el Señor, creador del cielo
- él es Dios -,
él modeló la tierra,
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó habitable:
«Yo soy el Señor y no hay otro.»
No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío.»
Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera,
y rezan a un dios que no puede salvar.
Declarad, aducid pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo, el Señor?
- No hay otro Dios fuera de mí -.
Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más.
Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy Dios y no hay otro.
Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una palabra irrevocable:
«Ante mí se doblara toda rodilla,
por mí jurará toda lengua»,
dirán: «Solo el Señor
tiene la justicia y el poder.»
A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra él,
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Ant. 3. Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
Salmo 99 - ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO.
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
LECTURA BREVE Hb 13, 7-9a
Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
V. Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
R. He colocado centinelas.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros.
PRECES
Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo:
Apacienta a tu pueblo, Señor.
Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
haz que, por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.
Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo,
no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.
Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
haz que nunca falten en tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.
Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, que quisiste que numerosos pueblos llegaran a conocerte por medio de la predicación de san Francisco Javier, concede a todos los bautizados un gran celo por la propagación de la fe, para que así tu Iglesia pueda alegrarse de ver aumentados sus hijos en todo el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Nació en España, el año 1506; mientras estudiaba en París, se unió a san Ignacio. Fue ordenado sacerdote en Venecia, el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó hacia Oriente y durante diez años evangelizó incansablemente la India y el Japón, convirtiendo a muchos. Murió el año 1552, en la isla de Shangchuan, en China.
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Himno: CRISTO, CABEZA, REY DE LOS PASTORES.
Cristo, cabeza, rey de los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos sagrados.
Con abundancia de sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
lo armó guerrero y lo nombró en la Iglesia
jefe del pueblo.
El fue pastor y forma del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de todos.
Tú que coronas sus merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida,
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su gloria. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Salmo 50 - CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Ant. 2. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Cántico: QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR. Is 45, 15-25
Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el Señor salva a Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen
nunca jamás.
Así dice el Señor, creador del cielo
- él es Dios -,
él modeló la tierra,
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó habitable:
«Yo soy el Señor y no hay otro.»
No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío.»
Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera,
y rezan a un dios que no puede salvar.
Declarad, aducid pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo, el Señor?
- No hay otro Dios fuera de mí -.
Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más.
Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy Dios y no hay otro.
Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una palabra irrevocable:
«Ante mí se doblara toda rodilla,
por mí jurará toda lengua»,
dirán: «Solo el Señor
tiene la justicia y el poder.»
A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra él,
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Ant. 3. Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
Salmo 99 - ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO.
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
LECTURA BREVE Hb 13, 7-9a
Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
V. Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
R. He colocado centinelas.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros.
PRECES
Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo:
Apacienta a tu pueblo, Señor.
Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
haz que, por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.
Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo,
no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.
Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
haz que nunca falten en tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.
Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, que quisiste que numerosos pueblos llegaran a conocerte por medio de la predicación de san Francisco Javier, concede a todos los bautizados un gran celo por la propagación de la fe, para que así tu Iglesia pueda alegrarse de ver aumentados sus hijos en todo el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
1 de diciembre de 2010
TIEMPO DE ADVIENTO JUEVES DE LA SEMANA I Propio del Tiempo. Salterio I
COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Himno: CUANDO ACABAMOS EL DÍA
Cuando acabamos el día
te suplicamos, Señor,
nos hagas de centinela
y otorgues tu protección.
Que te sintamos: contigo
sueñe nuestro corazón
para cantar tus loores
de nuevo al salir el sol.
Danos vida saludable,
alienta nuestro calor,
tu claridad ilumine
la oscuridad que llegó.
Dánoslo, Padre piadoso,
por Jesucristo, el Señor,
que reina con el Espíritu
Santo vivificador. Amén.
SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.
Salmo 15 - CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Mi carne descansa serena.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
BENDICIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
(Oración antes del descanso nocturno)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Himno: CUANDO ACABAMOS EL DÍA
Cuando acabamos el día
te suplicamos, Señor,
nos hagas de centinela
y otorgues tu protección.
Que te sintamos: contigo
sueñe nuestro corazón
para cantar tus loores
de nuevo al salir el sol.
Danos vida saludable,
alienta nuestro calor,
tu claridad ilumine
la oscuridad que llegó.
Dánoslo, Padre piadoso,
por Jesucristo, el Señor,
que reina con el Espíritu
Santo vivificador. Amén.
SALMODIA
Ant. Mi carne descansa serena.
Salmo 15 - CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Mi carne descansa serena.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
ORACIÓN
OREMOS,
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Amén
BENDICIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
TIEMPO DE ADVIENTO JUEVES DE LA SEMANA I Propio del Tiempo. Salterio I
VÍSPERAS
Oración de la tarde
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: JESUCRISTO, PALABRA DEL PADRE.
Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven, Señor, porque ya se hace tarde,
ven y escucha la súplica ardiente.
Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor, tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.
Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio.
Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y de Madre
y reúne a sus hijos, los fieles,
para juntos poder esperarte.
Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Salmo 29 - ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuándo bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.
A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»
Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Ant. 2. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Salmo 31 - ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO.
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.
Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto
un fruto seco.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.
Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.
No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.
Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
aclamadlo, los de corazón sincero.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Ant. 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE St 5, 7-8. 9b
Aguardad con paciencia, hermanos, hasta la manifestación del Señor. Ved cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra. Lo va aguardando pacientemente, hasta que la tierra reciba las lluvias tempranas y las tardías. Aguardad también vosotros con toda paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la manifestación del Señor está ya cerca. Mirad que el juez está a las puertas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
PRECES
Imploremos a Cristo, luz resplandeciente que brilla para los que habitan en tierras de sombra, como anunciaron los profetas, y digámosle:
Ven, Señor Jesús.
Cristo, Palabra de Dios, que en el principio creaste todas las cosas y en la etapa final del mundo tomaste nuestra naturaleza humana,
ven y arráncanos de la muerte.
Luz verdadera que alumbra a todo hombre,
ven y disipa las tinieblas de nuestra ignorancia.
Hijo único que estás en el seno del Padre,
ven y danos a conocer el amor de Dios.
Cristo Jesús, que viniste a nosotros como Hijo del hombre,
concede a cuantos te reciben el poder de ser hijos de Dios.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que abres las puertas de todas las cárceles,
admite en el festín de tus bodas a cuantos aguardan a su entrada.
Siguiendo la enseñanza del Salvador, oremos a Dios, diciendo:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Oración de la tarde
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: JESUCRISTO, PALABRA DEL PADRE.
Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven, Señor, porque ya se hace tarde,
ven y escucha la súplica ardiente.
Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor, tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.
Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio.
Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y de Madre
y reúne a sus hijos, los fieles,
para juntos poder esperarte.
Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Salmo 29 - ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuándo bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.
A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»
Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Ant. 2. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Salmo 31 - ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO.
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.
Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto
un fruto seco.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.
Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.
No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.
Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
aclamadlo, los de corazón sincero.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Ant. 3. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE St 5, 7-8. 9b
Aguardad con paciencia, hermanos, hasta la manifestación del Señor. Ved cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra. Lo va aguardando pacientemente, hasta que la tierra reciba las lluvias tempranas y las tardías. Aguardad también vosotros con toda paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la manifestación del Señor está ya cerca. Mirad que el juez está a las puertas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
PRECES
Imploremos a Cristo, luz resplandeciente que brilla para los que habitan en tierras de sombra, como anunciaron los profetas, y digámosle:
Ven, Señor Jesús.
Cristo, Palabra de Dios, que en el principio creaste todas las cosas y en la etapa final del mundo tomaste nuestra naturaleza humana,
ven y arráncanos de la muerte.
Luz verdadera que alumbra a todo hombre,
ven y disipa las tinieblas de nuestra ignorancia.
Hijo único que estás en el seno del Padre,
ven y danos a conocer el amor de Dios.
Cristo Jesús, que viniste a nosotros como Hijo del hombre,
concede a cuantos te reciben el poder de ser hijos de Dios.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que abres las puertas de todas las cárceles,
admite en el festín de tus bodas a cuantos aguardan a su entrada.
Siguiendo la enseñanza del Salvador, oremos a Dios, diciendo:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
TIEMPO DE ADVIENTO JUEVES DE LA SEMANA I (laudes)
LAUDES
(Oración de la mañana)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Himno: UNA CLARA VOZ RESUENA.
Una clara voz resuena
que las tinieblas repudia,
el sueño pesado ahuyéntase,
Cristo en el cielo fulgura.
Despierte el alma adormida
y sus torpezas sacuda,
que para borrar los males
un astro nuevo relumbra.
De arriba llega el Cordero
que ha de lavar nuestras culpas;
con lágrimas imploremos
el perdón que nos depura,
porque en su nueva venida
que aterroriza y conturba,
no tenga que castigarnos,
más con piedad nos acuda.
Al Padre eterno la gloria,
loor al Hijo en la altura,
y al Espíritu Paráclito
por siempre alabanza suma. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Salmo 56 - ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO.
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Ant. 2. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Cántico: FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO Jr 31, 10-14
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.»
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con manjares sustanciosos,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Ant. 3. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
Salmo 47 - HIMNO A LA GLORIA DE JERUSALÉN.
Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:
el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.
Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;
allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.
Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.
¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza
llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.
Dad la vuelta en torno a Sión,
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,
para poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor, nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
LECTURA BREVE Is 45, 8
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Aguardaré al Señor, mi salvador, y esperaré en él mientras se acerca. Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Aguardaré al Señor, mi salvador, y esperaré en él mientras se acerca. Aleluya.
PRECES
Invoquemos confiados a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, cuyo gozo es estar con los hijos de los hombres, y digámosle:
Quédate junto a nosotros, Señor.
Señor Jesucristo, que nos has llamado al reino de tu luz,
haz que nuestra vida sea agradable a Dios Padre.
Tú que, desconocido por el mundo, has acampado entre nosotros,
manifiesta tu rostro a todos los hombres.
Tú que estás más cerca de nosotros que nosotros mismos,
fortalece nuestros corazones con la esperanza de la salvación.
Tú que eres la fuente de toda santidad,
consérvanos santos y sin mancha hasta el día de tu venida.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos a nuestro Padre con toda confianza:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
(Oración de la mañana)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Himno: UNA CLARA VOZ RESUENA.
Una clara voz resuena
que las tinieblas repudia,
el sueño pesado ahuyéntase,
Cristo en el cielo fulgura.
Despierte el alma adormida
y sus torpezas sacuda,
que para borrar los males
un astro nuevo relumbra.
De arriba llega el Cordero
que ha de lavar nuestras culpas;
con lágrimas imploremos
el perdón que nos depura,
porque en su nueva venida
que aterroriza y conturba,
no tenga que castigarnos,
más con piedad nos acuda.
Al Padre eterno la gloria,
loor al Hijo en la altura,
y al Espíritu Paráclito
por siempre alabanza suma. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Salmo 56 - ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO.
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Ant. 2. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Cántico: FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO Jr 31, 10-14
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.»
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con manjares sustanciosos,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Ant. 3. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
Salmo 47 - HIMNO A LA GLORIA DE JERUSALÉN.
Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:
el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.
Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;
allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.
Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.
¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza
llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.
Dad la vuelta en torno a Sión,
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,
para poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor, nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
LECTURA BREVE Is 45, 8
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Aguardaré al Señor, mi salvador, y esperaré en él mientras se acerca. Aleluya.
Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Ant. Aguardaré al Señor, mi salvador, y esperaré en él mientras se acerca. Aleluya.
PRECES
Invoquemos confiados a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, cuyo gozo es estar con los hijos de los hombres, y digámosle:
Quédate junto a nosotros, Señor.
Señor Jesucristo, que nos has llamado al reino de tu luz,
haz que nuestra vida sea agradable a Dios Padre.
Tú que, desconocido por el mundo, has acampado entre nosotros,
manifiesta tu rostro a todos los hombres.
Tú que estás más cerca de nosotros que nosotros mismos,
fortalece nuestros corazones con la esperanza de la salvación.
Tú que eres la fuente de toda santidad,
consérvanos santos y sin mancha hasta el día de tu venida.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos a nuestro Padre con toda confianza:
Padre nuestro...
ORACIÓN
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Homilía con el tema “Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia” en la Santa Misa de preparación para la renovación de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús
Cerro de los Ángeles (Getafe), 17-06-2009
Un primer saludo de la Diócesis de Alcalá de Henares al Obispo de esta Diócesis, D. Joaquín, y a su Obispo Auxiliar D. Rafael, que nos acompaña en esta celebración y que ha querido acogernos; y un saludo de nuevo a todos los que estáis aquí presentes y a cuantos seguís la celebración de esta Eucaristía desde vuestras casas y, de manera particular, a aquellos que más sufrís.
Esta Eucaristía, dentro de lo que es este ciclo de la preparación para la celebración del nonagésimo Aniversario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, tiene como lema “Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia”.
El texto del libro del Éxodo, que hemos proclamado como primera lectura, describe una situación que se puede muy bien compaginar con la situación actual que estamos viviendo en nuestra España, en Occidente y, prácticamente, en esta sociedad mundialmente globalizada.
Moisés esta cansado, porque el Pueblo de Israel se ha rebelado; no es fiel. Él les ha llevado las palabras del Señor; él iba a entregarles las “Diez Palabras para la Vida” –el Decálogo–, lo que Dios escribió en el corazón de cada uno de nosotros, cuando nos creó a su imagen y semejanza, o, cuando le regaló a Israel la identidad como Pueblo, sacándoles de la esclavitud de Egipto. En cambio, el Pueblo continúa infiel. Quiere la proximidad de aquello que puede experimentar y ver con sus ojos, y están adorando al “becerro de oro” (cf. Ex 32).
Digo que Moisés se cansa de este Pueblo tan difícil de guiar y de llevarle al encuentro con ese misterio que nos precede siempre, que es el amor de Dios, y que se ha manifestado en la vida propia de este Pueblo de Israel: se hace presente por medio de Moisés, sacándolo de Egipto; lo acompaña por el desierto, dándole signos; y le ha regalado una Alianza. Digo que esta situación es muy parecida a la nuestra. También de los que estamos aquí celebrando esta Eucaristía. Porque vivir la fidelidad al amor de Dios es lo que el Señor nos quiere regalar cada día. Pero no siempre vivimos conscientes del inmenso amor que Dios nos ha manifestado en su Hijo Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y para nuestra justificación, y que tiene, como símbolo de ese amor, el costado abierto del Corazón de Jesús. Ese símbolo del misterio infinito de un amor que nos precede, nos acompaña, da consistencia a nuestra vida y es la meta hacia la que caminamos para poder encontrar un día el rostro de Dios y encontrarnos con este amor, cuya imagen es el Corazón de Jesús.
Moisés, de nuevo, sube al Sinaí, y Dios se le va a aparecer en otra “teofanía”. Es lo que describía este capítulo del libro del Éxodo. Va con las “Tablas de la Ley” sabiendo que ésta es la Palabra para vivir. Y el Señor, Yahvé, se le manifiesta, escuchando una voz que le dice: “Dios clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia” (Ex 34,6). Nosotros tomamos de ahí lo que en las Letanías del Sagrado Corazón de Jesús decimos: “Corazón de Jesús, paciente y clemente”. Y ¿qué podrá significar esta tarde para nosotros la palabra “paciencia”, “clemencia”, referida al Señor? Podemos mirar y contemplar todo su amor en Jesucristo clavado en la cruz con el costado abierto.
La primera palabra que dice San Pablo en el “Himno a la Caridad” (cf. 1 Cor 13, 1-13) es: “El amor es paciente”. Y ¿qué se nos quiere decir con esa palabra? Pues, que el tiempo, tu tiempo, querido hermano, tu vida, esta tarde, la tarde del que me escucha y está sufriendo más, es paciencia de Dios para tu conversión; es reclamo de Dios para que le abras de par en par tu corazón. Cuando se nos hace difícil, como para Moisés, el poder acompañar a un pueblo y manifestarle la grandeza del amor de Dios; cuando nos resulta difícil en estos momentos llevar adelante la evangelización, necesitamos de esta hija de la esperanza que es la paciencia. Y, cuando hablamos desde Dios, es Dios mismo, representado en las parábolas de la misericordia como el Padre que espera pacientemente a su hijo. Pero es importante que en esta tarde comprendamos que el mejor aliado de la evangelización, es decir, del anuncio explícito presenciado por testimonio de la predicación de la Palabra, de la celebración de los Sacramentos, el mejor aliado de la evangelización es el corazón humano.
Y, por eso, nosotros nos atrevemos a preparar este acto de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, porque queremos como sacudir el corazón de los creyentes, sacudir el corazón de cuantos nos escuchan, a fin de que podamos todos comprender que ese “corazón” está reclamando – como reclamaba al Pueblo de Israel, y no se daba cuenta – poder conocer verdaderamente y experimentar el amor de Dios. No ir a beber a las charcas; no querer apagar la sed con las cosas que nos ofrece este mundo; no estar pendientes y atrapados por las cosas, que simplemente pueden generar pequeñas esperanzas; sino ser sacudido, asombrado, despertado el corazón al saber que hay un amor que nos sobrepasa, que es un amor infinito, que es un amor que lo puede todo, que es un amor que se ha doblegado – si podemos hablar así – a favor nuestro, y que ha experimentado toda su paciencia cuando nosotros, siendo enemigos por nuestros pecados, lo hemos llevado como un maldito a la cruz. Y Él enmudecía.
El silencio de Jesús, camino del Calvario, es impresionante. El momento en que, clavado en la cruz, de su Corazón surgen las palabras del perdón, es lo que puede de verdad atravesar el corazón de todos nosotros y de esta generación. Y, si nos queremos ver reunidos por la Providencia, podemos hablar del Corazón de España. Porque España no es sólo geografía, sino que es una Comunidad de pueblos que han seguido una Historia, donde se ha hecho presente la Evangelización, regada incluso con la sangre de nuestros mártires, de los confesores, de las vírgenes de tantos monasterios que están bendiciendo y alabando al Señor, de tantas familias que se mantienen en la fidelidad y que, desde su caridad, hacen de su casa un santuario, una pequeña iglesia.
Este corazón, insisto, es nuestro mejor aliado, y queremos apelar en una doble dirección: apelar a la paciencia de Dios, Dios paciente, clemente, misericordioso, lento a la ira; y apelar al corazón humano de tal manera, que suplicamos –con este tiempo de preparación, y lo haremos de manera especial el próximo domingo– que no se resista nuestro corazón a ser invadido por la hermosura del amor de Dios. Porque esa es la gran respuesta a sus expectativas. La respuesta, lo que reclama el corazón, es Dios. No como una idea abstracta, sino Dios conocido en Jesucristo, el Icono de la Cruz, el Dios que, de la muerte, saca la vida. Él es el Pastor que nos acompaña en cualquier momento de nuestra existencia, y aquél, que, de manera particular, cuando pasamos por los valles tenebrosos o las cañadas oscuras, es el Pastor de la Vida que nos acompaña. Él es el que está siempre presente y nos quiere llevar a los verdaderos pastos y hacernos descansar donde hay hierba verde y agua en medio del desierto de este mundo.
¿Quién no quiere eso? Tan sólo aquellos que, entrando en el misterio de la propia libertad humana, lo desconocen Y lo desconocen, tal vez, porque también nosotros no lo gritemos más con nuestro testimonio, o nuestra Iglesia no esté atenta a los sufrimientos de nuestro pueblo, también por ignorancia o por la propia debilidad, y por tantas cosas que atraviesan la vida de las personas. Pero, ¿qué corazón no deseará el descanso, el poder encontrar lugares de vida? ¿Quién no deseará encontrarse con el amor inefable del Corazón de Jesús, expresión del amor de Dios? ¿Quién no deseará verdaderamente encontrar una casa donde vivir, que es la Iglesia? ¿Quién no deseará encontrarse con una familia de hermanos, donde, caminando juntos, tenemos un camino y tenemos meta?
Por eso, esta tarde, esta humilde voz quiere apelar y sacudir el corazón de quienes nos escuchan, para que, verdaderamente, abramos de par en par a este Pastor de la Vida el deseo humano, el corazón. Y deseemos encontrarnos con aquél, cuyo rostro es un rostro de paciencia, que no tiene en cuenta nuestros pecados, que conoce que somos de barro, que sabe – porque es Él quien nos ha creado – qué habita y que hay en el corazón de cada uno de nosotros. Y puede haber, desde la debilidad del pecado, desde la desesperanza, la desolación, el abatimiento, el sufrimiento hasta el ensoberbecimiento –el pensar que uno lo ha logrado todo por sí mismo y estar cargado de soberbia o de vanidad–; o estar atrapados por los vicios que tantas veces atenazan el corazón del hombre, bien sea la codicia, la soberbia o la misma lujuria; o estar entregando el corazón, en definitiva, a las mismas criaturas. Tratar de que la Palabra, que se ha proclamado, esté sacudiendo nuestro corazón para que despierte: no busquéis donde no hay; no vayáis a beber donde no encontraréis agua. Bebed aquí y encontraréis torrentes de agua viva, que saciarán vuestro corazón. Es más, nos promete el Señor, cuando entrega su espíritu, que de nuestro “corazón manará como un torrente que saltará hasta la vida eterna” (cf. Jn 4, 14).
¿Cómo nosotros, queridos hermanos, nos vamos a privar de tanta grandeza para la dignidad de la persona, de tanta hermosura como nos manifiesta el Corazón de Cristo, de tanta paciencia como manifiesta aquél que nos ama como somos, que no pone condiciones para amarnos y lo único que espera es que le abramos de par en par las puertas de nuestro corazón para entrar? Así lo dice el libro del Apocalipsis: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré...” (Ap 3,20). Esto es la palabra, ¿por qué no abres tu corazón? ¿Por qué nos resistimos y por qué damos el corazón a los ídolos y a las criaturas, y no al Señor?
Esta tarde hemos de suplicar esta gracia para nosotros, para cuantos viven en España y, de manera particular, para todas las familias. Poder beber del amor de Dios, que mana como un torrente del Corazón de Cristo, es alimentar el amor esponsal; es saber que no nos va a faltar para nosotros ni va a faltar a los esposos la fuerza para poderse amar y dar la vida el uno por el otro. Somos conscientes de que, por nuestras debilidades, el amor fiel se vive en precariedad, con todas las caídas que el Señor permite; pero al mismo tiempo sabemos que hay un manantial donde podemos acudir para renovar el amor que el Señor entregó con una nueva efusión del Espíritu el día de bodas, el día del sacramento del matrimonio, y para poderlo entregar mutuamente en esa realidad hermosa de formar una sola carne en el amor esponsal y matrimonial, haciéndolo fructificar en los hijos que el Señor regala. Cada familia está llamada a ser como un receptáculo de ese torrente de gracia que es el amor de Cristo, para vivir la comunión entre los hermanos, para la vocación bautismal del seguimiento de Cristo en el amor propio del matrimonio y después en el amor entre los padres y los hijos, y los hermanos entre sí. Todos aquellos que el Señor ha querido reunir para formar y presentar ante el mundo un icono de su amor; de ese amor mismo de la Trinidad, como es cada familia.
Decía el salmo que hemos proclamado que el Señor nos ha puesto, para que no nos perdamos por el desierto de este mundo, dos centinelas. Israel –este salmo va expresando el caminar de Israel por el desierto – sabe que no puede caminar solo, sino que necesita al Señor. Pero es el camino que no simplemente conduce a Canaán. Ya Canaán llegó. Ahora este camino nos conduce a aquí, donde podemos comer y beber, que es la Eucaristía y el resto de los sacramentos. Pero adonde la Eucaristía nos conduce verdaderamente es al Cielo. Y en este peregrinar de nuestras familias, de España y de cada uno de nosotros a nuestra meta y patria definitiva, que es el cielo, el Señor nos ha puesto dos centinelas para que no nos perdamos. Decía el salmo al final: “Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré en la casa del Señor –el cielo– por años sin término” (Ps 22, 6).
Queridos hermanos de España, que escucháis a través de “Radio Maria”; queridos hermanos, cuyo rostro puedo ver en esta celebración: no nos van a faltar nunca estos dos centinelas: ni la bondad ni la misericordia del Señor. Porque es paciente, porque no tiene en cuenta nuestros pecados, porque nos mira y atraviesa el corazón, y sabe que ese corazón tuyo desea a Dios, y, por tanto, su bondad y su misericordia se harán presentes. Y ¿cómo se van a hacer presentes? Se harán presentes en los acontecimientos de tu vida; en las personas que te rodean; en los acontecimientos que vivimos en los ámbitos de la propia comunidad cristiana, en la Iglesia; y, en los mismos acontecimientos del mundo, porque Dios está y no ha abandonado este mundo, y no ha abandonado a España. Y, por tanto, vivimos en el mejor de los momentos. Este es el momento de la gracia. Y la paciencia de Dios, insisto, significa el tiempo de nuestra vida en el que Él está reclamando, simplemente, nuestra conversión.
Esto es gracia que hemos de suplicar esta tarde: poder volcar, volver y orientar nuestro corazón hacia el Corazón de Cristo, hacia el amor de Dios, para que allí quede como entusiasmado, asombrado de tanto amor y, en definitiva, pueda cada uno de nosotros descansar. Si no es así, queridos hermanos, el Señor en su infinito amor no se va a cansar de buscarnos. Se extrañaban los fariseos y letrados de Jesús, porque se le acercaban los pecadores. Pero, ¡si es el Pastor que viene a buscarlos! Él mismo lo decía en los textos del profeta Ezequiel: “Yo mismo pastorearé a mi Pueblo. Yo buscaré a las ovejas perdidas, a las descarriadas, a las enfermas, de manera particular” (cf. Ez 34,11-16).
Si no volcamos nuestro corazón hacia Dios. Si no es éste todavía el tiempo oportuno en el que cada uno de nosotros se dé cuenta que, sin el amor de Dios, no tiene futuro y que no tiene más horizonte que la muerte, el Señor tendrá paciencia y, como es rico en misericordia, sabrá poner en nuestras vidas los acontecimientos necesarios. Aunque sea el momento final, cuando nos veamos abocados a la muerte, que ya pasó – le pasó al ladrón arrepentido –, porque el Señor mide todos y cada uno de los instantes de nuestra vida. No nos hemos de asombrar ni de escandalizar de que el Señor – y ahora la Iglesia – busque de manera particular a los pecadores; no hay que tener miedo a la Evangelización, a una nueva Evangelización, para acercarse a aquellos que no conocen a Dios, a aquellos que viven las peor de las pobrezas, que es no conocer a Dios. El Señor se acercó y se sentó a la mesa con los pecadores. Y, para explicarlo, nos ha propuesto esta parábola hermosa de la oveja descarriada.
El Señor está contento esta tarde de vernos a nosotros, de cuantos escucháis esta homilía y seguís esta celebración, pero el Señor está pendiente de aquél que todavía no le conoce. Es más: está reclamando de nosotros que contribuyamos con Él a que su amor sea difundido, sea conocido, a que de verdad podamos nosotros soñar que en nuestras casas va a reinar el Corazón de Jesús, va a quedar entronizado ese amor que ordenará todo lo que significa la vida de las personas. Donde no está el amor de Dios, inmediatamente existe el desorden en el amor: nos amamos a nosotros mismos con un amor egoísta; se aman las personas entre sí y, en vez de ser generosas, se están buscando a sí mismas. Cuando está Dios, tenemos el orden del amor establecido: primero Dios y, desde Dios, un amor indecible y entregado por todo lo que va ordenado desde la propia vocación y estado de cada uno, en lo que significa el amor al prójimo.
Bueno, pues esta tarde, queridos hermanos, ya que el Señor viene a buscarnos como Buen Pastor que busca la oveja perdida, y quiere alegrarse de encontrarnos, aceptemos que la celebración de esta Eucaristía es el cumplimiento de esta parábola. Él viene y está preparando este festín, donde Él quiere verter todo su corazón y manifestarnos todo su amor de tal manera, que al comulgar –al poder participar de su Cuerpo y de su Sangre–, nosotros sintamos la belleza y la hermosura de la presencia del cielo en nuestro corazón. Y, entonces, Él podrá decir: ”Felicitadme porque, entre las ovejas, tenía una perdida y la he encontrado” (cf. Lc 15,6). El Señor con paciencia va buscando a cada uno de nosotros hasta el momento de nuestra muerte. ¡Ojalá el Señor nos pueda regalar ese corazón convertido de tal manera, que, una vez vuelto al Corazón de Jesús, hacia el amor de Dios, a su vez nosotros sacudamos el Corazón de Cristo y le gritemos: “regálanos sacerdotes santos, que nuestra Iglesia adolece de falta de vocaciones. Sacude el corazón de los jóvenes, de ellos y de ellas, para que, siguiéndote a Ti con vocación especial, de nuevo nuestros conventos y monasterios sean como vergeles donde la virginidad brote con alegría para la alabanza del Señor; donde las parroquias encuentren los sacerdotes que verdaderamente van a mostrar, a través de su vida, todo el amor de Jesucristo, el amor de Dios. Sacerdotes que con paciencia busquen a los fieles, visiten a los enfermos, eduquen a los niños, sentándose en el confesionario – en el trono de la misericordia –, celebren conjuntamente como pueblo la misericordia de Dios con la Palabra y la Eucaristía, viviendo en el amor. Y regálanos, Corazón de Jesús, que podamos felicitarnos del encuentro con la oveja perdida. Familias que en estos momentos puedan dar testimonio de que el proyecto de Dios sobre la persona, sobre el matrimonio y sobre la familia se cumple. Que es verdad lo que dice el Señor: que se puede ser persona libre viviendo, primero en la castidad, después en la castidad conyugal para el don de sí pleno y absoluto de tal manera, que las personas, que con un corazón que verdaderamente han ganado plenamente la libertad para el don de sí , puedan entregarse en un amor fiel, y para que fructifiquen, si Dios así se lo concede, en sus propios hijos, de tal manera que surjan en nuestra sociedad familias que generen de nuevo la esperanza.
¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia! Que sea ésta la misericordia de Dios para con nuestras familias; que sea ésta la misericordia de Dios con nuestro pueblo, España; que sea ésta la misericordia del Señor que haga posible, a través de nosotros, a través de la Iglesia, el que sea conocido –en un pueblo de tanta tradición cristiana como el nuestro– en el seno de la Iglesia Católica este Corazón misericordioso. Y con el trabajo ordinario de todos los días en nuestras parroquias, en nuestros movimientos y comunidades sembremos siempre de hermosura a España, para que florezca entre nosotros una comunidad y unos pueblos que se sientan verdaderamente hijos de Dios llenos de esperanza, caminando como el pueblo de Israel, sabiendo que el Señor busca la oveja perdida. No olvidemos que el Señor ha puesto dos centinelas que no nos van a faltar nunca: “Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré en la casa del Señor por años sin término” (Ps 22, 6).
Que el próximo domingo podamos verdaderamente vivir con fruto, habiendo celebrado la reconciliación con Dios, ese acto de Consagración, en el nonagésimo aniversario de cuando fue consagrada España al Sagrado Corazón, y que éste sea un revulsivo, para que, en estos momentos, no falte la fe en nuestro Pueblo. Así sea.
Un primer saludo de la Diócesis de Alcalá de Henares al Obispo de esta Diócesis, D. Joaquín, y a su Obispo Auxiliar D. Rafael, que nos acompaña en esta celebración y que ha querido acogernos; y un saludo de nuevo a todos los que estáis aquí presentes y a cuantos seguís la celebración de esta Eucaristía desde vuestras casas y, de manera particular, a aquellos que más sufrís.
Esta Eucaristía, dentro de lo que es este ciclo de la preparación para la celebración del nonagésimo Aniversario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, tiene como lema “Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia”.
El texto del libro del Éxodo, que hemos proclamado como primera lectura, describe una situación que se puede muy bien compaginar con la situación actual que estamos viviendo en nuestra España, en Occidente y, prácticamente, en esta sociedad mundialmente globalizada.
Moisés esta cansado, porque el Pueblo de Israel se ha rebelado; no es fiel. Él les ha llevado las palabras del Señor; él iba a entregarles las “Diez Palabras para la Vida” –el Decálogo–, lo que Dios escribió en el corazón de cada uno de nosotros, cuando nos creó a su imagen y semejanza, o, cuando le regaló a Israel la identidad como Pueblo, sacándoles de la esclavitud de Egipto. En cambio, el Pueblo continúa infiel. Quiere la proximidad de aquello que puede experimentar y ver con sus ojos, y están adorando al “becerro de oro” (cf. Ex 32).
Digo que Moisés se cansa de este Pueblo tan difícil de guiar y de llevarle al encuentro con ese misterio que nos precede siempre, que es el amor de Dios, y que se ha manifestado en la vida propia de este Pueblo de Israel: se hace presente por medio de Moisés, sacándolo de Egipto; lo acompaña por el desierto, dándole signos; y le ha regalado una Alianza. Digo que esta situación es muy parecida a la nuestra. También de los que estamos aquí celebrando esta Eucaristía. Porque vivir la fidelidad al amor de Dios es lo que el Señor nos quiere regalar cada día. Pero no siempre vivimos conscientes del inmenso amor que Dios nos ha manifestado en su Hijo Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y para nuestra justificación, y que tiene, como símbolo de ese amor, el costado abierto del Corazón de Jesús. Ese símbolo del misterio infinito de un amor que nos precede, nos acompaña, da consistencia a nuestra vida y es la meta hacia la que caminamos para poder encontrar un día el rostro de Dios y encontrarnos con este amor, cuya imagen es el Corazón de Jesús.
Moisés, de nuevo, sube al Sinaí, y Dios se le va a aparecer en otra “teofanía”. Es lo que describía este capítulo del libro del Éxodo. Va con las “Tablas de la Ley” sabiendo que ésta es la Palabra para vivir. Y el Señor, Yahvé, se le manifiesta, escuchando una voz que le dice: “Dios clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia” (Ex 34,6). Nosotros tomamos de ahí lo que en las Letanías del Sagrado Corazón de Jesús decimos: “Corazón de Jesús, paciente y clemente”. Y ¿qué podrá significar esta tarde para nosotros la palabra “paciencia”, “clemencia”, referida al Señor? Podemos mirar y contemplar todo su amor en Jesucristo clavado en la cruz con el costado abierto.
La primera palabra que dice San Pablo en el “Himno a la Caridad” (cf. 1 Cor 13, 1-13) es: “El amor es paciente”. Y ¿qué se nos quiere decir con esa palabra? Pues, que el tiempo, tu tiempo, querido hermano, tu vida, esta tarde, la tarde del que me escucha y está sufriendo más, es paciencia de Dios para tu conversión; es reclamo de Dios para que le abras de par en par tu corazón. Cuando se nos hace difícil, como para Moisés, el poder acompañar a un pueblo y manifestarle la grandeza del amor de Dios; cuando nos resulta difícil en estos momentos llevar adelante la evangelización, necesitamos de esta hija de la esperanza que es la paciencia. Y, cuando hablamos desde Dios, es Dios mismo, representado en las parábolas de la misericordia como el Padre que espera pacientemente a su hijo. Pero es importante que en esta tarde comprendamos que el mejor aliado de la evangelización, es decir, del anuncio explícito presenciado por testimonio de la predicación de la Palabra, de la celebración de los Sacramentos, el mejor aliado de la evangelización es el corazón humano.
Y, por eso, nosotros nos atrevemos a preparar este acto de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, porque queremos como sacudir el corazón de los creyentes, sacudir el corazón de cuantos nos escuchan, a fin de que podamos todos comprender que ese “corazón” está reclamando – como reclamaba al Pueblo de Israel, y no se daba cuenta – poder conocer verdaderamente y experimentar el amor de Dios. No ir a beber a las charcas; no querer apagar la sed con las cosas que nos ofrece este mundo; no estar pendientes y atrapados por las cosas, que simplemente pueden generar pequeñas esperanzas; sino ser sacudido, asombrado, despertado el corazón al saber que hay un amor que nos sobrepasa, que es un amor infinito, que es un amor que lo puede todo, que es un amor que se ha doblegado – si podemos hablar así – a favor nuestro, y que ha experimentado toda su paciencia cuando nosotros, siendo enemigos por nuestros pecados, lo hemos llevado como un maldito a la cruz. Y Él enmudecía.
El silencio de Jesús, camino del Calvario, es impresionante. El momento en que, clavado en la cruz, de su Corazón surgen las palabras del perdón, es lo que puede de verdad atravesar el corazón de todos nosotros y de esta generación. Y, si nos queremos ver reunidos por la Providencia, podemos hablar del Corazón de España. Porque España no es sólo geografía, sino que es una Comunidad de pueblos que han seguido una Historia, donde se ha hecho presente la Evangelización, regada incluso con la sangre de nuestros mártires, de los confesores, de las vírgenes de tantos monasterios que están bendiciendo y alabando al Señor, de tantas familias que se mantienen en la fidelidad y que, desde su caridad, hacen de su casa un santuario, una pequeña iglesia.
Este corazón, insisto, es nuestro mejor aliado, y queremos apelar en una doble dirección: apelar a la paciencia de Dios, Dios paciente, clemente, misericordioso, lento a la ira; y apelar al corazón humano de tal manera, que suplicamos –con este tiempo de preparación, y lo haremos de manera especial el próximo domingo– que no se resista nuestro corazón a ser invadido por la hermosura del amor de Dios. Porque esa es la gran respuesta a sus expectativas. La respuesta, lo que reclama el corazón, es Dios. No como una idea abstracta, sino Dios conocido en Jesucristo, el Icono de la Cruz, el Dios que, de la muerte, saca la vida. Él es el Pastor que nos acompaña en cualquier momento de nuestra existencia, y aquél, que, de manera particular, cuando pasamos por los valles tenebrosos o las cañadas oscuras, es el Pastor de la Vida que nos acompaña. Él es el que está siempre presente y nos quiere llevar a los verdaderos pastos y hacernos descansar donde hay hierba verde y agua en medio del desierto de este mundo.
¿Quién no quiere eso? Tan sólo aquellos que, entrando en el misterio de la propia libertad humana, lo desconocen Y lo desconocen, tal vez, porque también nosotros no lo gritemos más con nuestro testimonio, o nuestra Iglesia no esté atenta a los sufrimientos de nuestro pueblo, también por ignorancia o por la propia debilidad, y por tantas cosas que atraviesan la vida de las personas. Pero, ¿qué corazón no deseará el descanso, el poder encontrar lugares de vida? ¿Quién no deseará encontrarse con el amor inefable del Corazón de Jesús, expresión del amor de Dios? ¿Quién no deseará verdaderamente encontrar una casa donde vivir, que es la Iglesia? ¿Quién no deseará encontrarse con una familia de hermanos, donde, caminando juntos, tenemos un camino y tenemos meta?
Por eso, esta tarde, esta humilde voz quiere apelar y sacudir el corazón de quienes nos escuchan, para que, verdaderamente, abramos de par en par a este Pastor de la Vida el deseo humano, el corazón. Y deseemos encontrarnos con aquél, cuyo rostro es un rostro de paciencia, que no tiene en cuenta nuestros pecados, que conoce que somos de barro, que sabe – porque es Él quien nos ha creado – qué habita y que hay en el corazón de cada uno de nosotros. Y puede haber, desde la debilidad del pecado, desde la desesperanza, la desolación, el abatimiento, el sufrimiento hasta el ensoberbecimiento –el pensar que uno lo ha logrado todo por sí mismo y estar cargado de soberbia o de vanidad–; o estar atrapados por los vicios que tantas veces atenazan el corazón del hombre, bien sea la codicia, la soberbia o la misma lujuria; o estar entregando el corazón, en definitiva, a las mismas criaturas. Tratar de que la Palabra, que se ha proclamado, esté sacudiendo nuestro corazón para que despierte: no busquéis donde no hay; no vayáis a beber donde no encontraréis agua. Bebed aquí y encontraréis torrentes de agua viva, que saciarán vuestro corazón. Es más, nos promete el Señor, cuando entrega su espíritu, que de nuestro “corazón manará como un torrente que saltará hasta la vida eterna” (cf. Jn 4, 14).
¿Cómo nosotros, queridos hermanos, nos vamos a privar de tanta grandeza para la dignidad de la persona, de tanta hermosura como nos manifiesta el Corazón de Cristo, de tanta paciencia como manifiesta aquél que nos ama como somos, que no pone condiciones para amarnos y lo único que espera es que le abramos de par en par las puertas de nuestro corazón para entrar? Así lo dice el libro del Apocalipsis: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré...” (Ap 3,20). Esto es la palabra, ¿por qué no abres tu corazón? ¿Por qué nos resistimos y por qué damos el corazón a los ídolos y a las criaturas, y no al Señor?
Esta tarde hemos de suplicar esta gracia para nosotros, para cuantos viven en España y, de manera particular, para todas las familias. Poder beber del amor de Dios, que mana como un torrente del Corazón de Cristo, es alimentar el amor esponsal; es saber que no nos va a faltar para nosotros ni va a faltar a los esposos la fuerza para poderse amar y dar la vida el uno por el otro. Somos conscientes de que, por nuestras debilidades, el amor fiel se vive en precariedad, con todas las caídas que el Señor permite; pero al mismo tiempo sabemos que hay un manantial donde podemos acudir para renovar el amor que el Señor entregó con una nueva efusión del Espíritu el día de bodas, el día del sacramento del matrimonio, y para poderlo entregar mutuamente en esa realidad hermosa de formar una sola carne en el amor esponsal y matrimonial, haciéndolo fructificar en los hijos que el Señor regala. Cada familia está llamada a ser como un receptáculo de ese torrente de gracia que es el amor de Cristo, para vivir la comunión entre los hermanos, para la vocación bautismal del seguimiento de Cristo en el amor propio del matrimonio y después en el amor entre los padres y los hijos, y los hermanos entre sí. Todos aquellos que el Señor ha querido reunir para formar y presentar ante el mundo un icono de su amor; de ese amor mismo de la Trinidad, como es cada familia.
Decía el salmo que hemos proclamado que el Señor nos ha puesto, para que no nos perdamos por el desierto de este mundo, dos centinelas. Israel –este salmo va expresando el caminar de Israel por el desierto – sabe que no puede caminar solo, sino que necesita al Señor. Pero es el camino que no simplemente conduce a Canaán. Ya Canaán llegó. Ahora este camino nos conduce a aquí, donde podemos comer y beber, que es la Eucaristía y el resto de los sacramentos. Pero adonde la Eucaristía nos conduce verdaderamente es al Cielo. Y en este peregrinar de nuestras familias, de España y de cada uno de nosotros a nuestra meta y patria definitiva, que es el cielo, el Señor nos ha puesto dos centinelas para que no nos perdamos. Decía el salmo al final: “Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré en la casa del Señor –el cielo– por años sin término” (Ps 22, 6).
Queridos hermanos de España, que escucháis a través de “Radio Maria”; queridos hermanos, cuyo rostro puedo ver en esta celebración: no nos van a faltar nunca estos dos centinelas: ni la bondad ni la misericordia del Señor. Porque es paciente, porque no tiene en cuenta nuestros pecados, porque nos mira y atraviesa el corazón, y sabe que ese corazón tuyo desea a Dios, y, por tanto, su bondad y su misericordia se harán presentes. Y ¿cómo se van a hacer presentes? Se harán presentes en los acontecimientos de tu vida; en las personas que te rodean; en los acontecimientos que vivimos en los ámbitos de la propia comunidad cristiana, en la Iglesia; y, en los mismos acontecimientos del mundo, porque Dios está y no ha abandonado este mundo, y no ha abandonado a España. Y, por tanto, vivimos en el mejor de los momentos. Este es el momento de la gracia. Y la paciencia de Dios, insisto, significa el tiempo de nuestra vida en el que Él está reclamando, simplemente, nuestra conversión.
Esto es gracia que hemos de suplicar esta tarde: poder volcar, volver y orientar nuestro corazón hacia el Corazón de Cristo, hacia el amor de Dios, para que allí quede como entusiasmado, asombrado de tanto amor y, en definitiva, pueda cada uno de nosotros descansar. Si no es así, queridos hermanos, el Señor en su infinito amor no se va a cansar de buscarnos. Se extrañaban los fariseos y letrados de Jesús, porque se le acercaban los pecadores. Pero, ¡si es el Pastor que viene a buscarlos! Él mismo lo decía en los textos del profeta Ezequiel: “Yo mismo pastorearé a mi Pueblo. Yo buscaré a las ovejas perdidas, a las descarriadas, a las enfermas, de manera particular” (cf. Ez 34,11-16).
Si no volcamos nuestro corazón hacia Dios. Si no es éste todavía el tiempo oportuno en el que cada uno de nosotros se dé cuenta que, sin el amor de Dios, no tiene futuro y que no tiene más horizonte que la muerte, el Señor tendrá paciencia y, como es rico en misericordia, sabrá poner en nuestras vidas los acontecimientos necesarios. Aunque sea el momento final, cuando nos veamos abocados a la muerte, que ya pasó – le pasó al ladrón arrepentido –, porque el Señor mide todos y cada uno de los instantes de nuestra vida. No nos hemos de asombrar ni de escandalizar de que el Señor – y ahora la Iglesia – busque de manera particular a los pecadores; no hay que tener miedo a la Evangelización, a una nueva Evangelización, para acercarse a aquellos que no conocen a Dios, a aquellos que viven las peor de las pobrezas, que es no conocer a Dios. El Señor se acercó y se sentó a la mesa con los pecadores. Y, para explicarlo, nos ha propuesto esta parábola hermosa de la oveja descarriada.
El Señor está contento esta tarde de vernos a nosotros, de cuantos escucháis esta homilía y seguís esta celebración, pero el Señor está pendiente de aquél que todavía no le conoce. Es más: está reclamando de nosotros que contribuyamos con Él a que su amor sea difundido, sea conocido, a que de verdad podamos nosotros soñar que en nuestras casas va a reinar el Corazón de Jesús, va a quedar entronizado ese amor que ordenará todo lo que significa la vida de las personas. Donde no está el amor de Dios, inmediatamente existe el desorden en el amor: nos amamos a nosotros mismos con un amor egoísta; se aman las personas entre sí y, en vez de ser generosas, se están buscando a sí mismas. Cuando está Dios, tenemos el orden del amor establecido: primero Dios y, desde Dios, un amor indecible y entregado por todo lo que va ordenado desde la propia vocación y estado de cada uno, en lo que significa el amor al prójimo.
Bueno, pues esta tarde, queridos hermanos, ya que el Señor viene a buscarnos como Buen Pastor que busca la oveja perdida, y quiere alegrarse de encontrarnos, aceptemos que la celebración de esta Eucaristía es el cumplimiento de esta parábola. Él viene y está preparando este festín, donde Él quiere verter todo su corazón y manifestarnos todo su amor de tal manera, que al comulgar –al poder participar de su Cuerpo y de su Sangre–, nosotros sintamos la belleza y la hermosura de la presencia del cielo en nuestro corazón. Y, entonces, Él podrá decir: ”Felicitadme porque, entre las ovejas, tenía una perdida y la he encontrado” (cf. Lc 15,6). El Señor con paciencia va buscando a cada uno de nosotros hasta el momento de nuestra muerte. ¡Ojalá el Señor nos pueda regalar ese corazón convertido de tal manera, que, una vez vuelto al Corazón de Jesús, hacia el amor de Dios, a su vez nosotros sacudamos el Corazón de Cristo y le gritemos: “regálanos sacerdotes santos, que nuestra Iglesia adolece de falta de vocaciones. Sacude el corazón de los jóvenes, de ellos y de ellas, para que, siguiéndote a Ti con vocación especial, de nuevo nuestros conventos y monasterios sean como vergeles donde la virginidad brote con alegría para la alabanza del Señor; donde las parroquias encuentren los sacerdotes que verdaderamente van a mostrar, a través de su vida, todo el amor de Jesucristo, el amor de Dios. Sacerdotes que con paciencia busquen a los fieles, visiten a los enfermos, eduquen a los niños, sentándose en el confesionario – en el trono de la misericordia –, celebren conjuntamente como pueblo la misericordia de Dios con la Palabra y la Eucaristía, viviendo en el amor. Y regálanos, Corazón de Jesús, que podamos felicitarnos del encuentro con la oveja perdida. Familias que en estos momentos puedan dar testimonio de que el proyecto de Dios sobre la persona, sobre el matrimonio y sobre la familia se cumple. Que es verdad lo que dice el Señor: que se puede ser persona libre viviendo, primero en la castidad, después en la castidad conyugal para el don de sí pleno y absoluto de tal manera, que las personas, que con un corazón que verdaderamente han ganado plenamente la libertad para el don de sí , puedan entregarse en un amor fiel, y para que fructifiquen, si Dios así se lo concede, en sus propios hijos, de tal manera que surjan en nuestra sociedad familias que generen de nuevo la esperanza.
¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia! Que sea ésta la misericordia de Dios para con nuestras familias; que sea ésta la misericordia de Dios con nuestro pueblo, España; que sea ésta la misericordia del Señor que haga posible, a través de nosotros, a través de la Iglesia, el que sea conocido –en un pueblo de tanta tradición cristiana como el nuestro– en el seno de la Iglesia Católica este Corazón misericordioso. Y con el trabajo ordinario de todos los días en nuestras parroquias, en nuestros movimientos y comunidades sembremos siempre de hermosura a España, para que florezca entre nosotros una comunidad y unos pueblos que se sientan verdaderamente hijos de Dios llenos de esperanza, caminando como el pueblo de Israel, sabiendo que el Señor busca la oveja perdida. No olvidemos que el Señor ha puesto dos centinelas que no nos van a faltar nunca: “Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré en la casa del Señor por años sin término” (Ps 22, 6).
Que el próximo domingo podamos verdaderamente vivir con fruto, habiendo celebrado la reconciliación con Dios, ese acto de Consagración, en el nonagésimo aniversario de cuando fue consagrada España al Sagrado Corazón, y que éste sea un revulsivo, para que, en estos momentos, no falte la fe en nuestro Pueblo. Así sea.
El adviento
Es el primer periodo del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación para el nacimiento del Salvador. Su duración es de 21 a 28 días, dado que se celebran los cuatro domingos más próximos a la festividad de Navidad.
Marca el inicio del año litúrgico en casi todas las confesiones cristianas. Durante este periodo los feligreses se preparan para celebrar la conmemoración del nacimiento de Jesucristo y para renovar la esperanza en la segunda Venida de Cristo Jesús, al final de los tiempos Parusía.
Durante el adviento, se coloca en las iglesias y también en algunos hogares una corona de ramas de pino, llamada Corona de adviento con cuatro velas, una por cada domingo de adviento. Hay una pequeña tradición de Adviento: a cada una de esas cuatro velas se le asigna una virtud que hay que mejorar en esa semana, por ejemplo: la primera, el amor; la segunda, la paz; la tercera, la tolerancia y la cuarta, la fe.
Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.
Marca el inicio del año litúrgico en casi todas las confesiones cristianas. Durante este periodo los feligreses se preparan para celebrar la conmemoración del nacimiento de Jesucristo y para renovar la esperanza en la segunda Venida de Cristo Jesús, al final de los tiempos Parusía.
Durante el adviento, se coloca en las iglesias y también en algunos hogares una corona de ramas de pino, llamada Corona de adviento con cuatro velas, una por cada domingo de adviento. Hay una pequeña tradición de Adviento: a cada una de esas cuatro velas se le asigna una virtud que hay que mejorar en esa semana, por ejemplo: la primera, el amor; la segunda, la paz; la tercera, la tolerancia y la cuarta, la fe.
Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.
29 de noviembre de 2010
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